Posición del Instituto
Por qué aquí no decimos «mínima intervención»
«Mínima intervención» no es un término regulado: ninguna norma define qué prácticas permite ni obliga a demostrar nada para escribirlo en una web, en una contraetiqueta o en un argumentario comercial. Funciona, por tanto, como lenguaje comercial y no como una garantía de proceso.
Conviene distinguir categorías. «Vino ecológico» sí está regulado en la UE: certifica el cultivo de la uva y limita insumos y niveles de sulfitos en bodega. «Biodinámico» responde a normas privadas de certificación. «Vino natural» no tiene una definición legal común; existen asociaciones con pliegos propios, pero no una norma general. El vino convencional se rige por las prácticas enológicas autorizadas, que son amplias.
La etiqueta no permite reconstruir por sí sola todo el proceso. En los vinos sujetos a la normativa europea vigente, la declaración nutricional y la lista de ingredientes son obligatorias, aunque parte de esta información puede facilitarse por medios electrónicos. Los aditivos utilizados —incluidos los reguladores de acidez, conservantes, antioxidantes y sustancias de enriquecimiento cuando corresponda— deben figurar en la lista de ingredientes. Determinados coadyuvantes tecnológicos, incluidas las levaduras utilizadas como auxiliares de elaboración, pueden no tener que declararse, salvo cuando exista una obligación específica, como la presencia de alérgenos. Tampoco queda completamente descrito en la etiqueta el manejo del viñedo, la conducción de la fermentación, los trasiegos, el tipo de recipiente ni todas las operaciones de clarificación o filtración. Por eso conviene interpretar la etiqueta y preguntar por el proceso concreto.
Dentro de lo autorizado caben prácticas muy distintas —tratamientos fitosanitarios y riego en el campo; levaduras seleccionadas, enzimas, nutrientes, taninos, alternativos de madera, correcciones, concentración, filtración estéril o sulfitado en varias fases—, y también su ausencia casi total. Que sean posibles no significa que todas las bodegas las utilicen: por eso preguntamos por el proceso concreto en lugar de fiarnos del término.
En el Instituto describimos siempre ese proceso: qué se hace en la viña, qué levaduras fermentan, si se corrige o no, si hay sulfitos añadidos y en qué cantidad, si se filtra o se clarifica. Eso es lo que enseñamos a interpretar, a preguntar y a catar.